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Maya. Soltera, 26 aunque ya obsesionada con la treintena de años, la mayor parte del tiempo sola aunque este acompañada, bipolar, aunque selectiva amistosa y bastante sincera. Una bohemia.. o no se.. Solo sé que soy Maya.

sábado, 17 de octubre de 2009

Al viento

De lo efímera que puede ser esta noche los sentimientos no tienen idea.
Al final solo somos pañuelos, dispuestos al viento;
esperando por una ráfaga mas.

Pero que difícil se nos hace a veces sostener,
la paciencia.

Esperar por el vuelo, que nos lleve a la luna.

Aunque en el fondo sabemos: la luna es solo una roca más.

Más grande, y con más historias que las otras.
Más fascinante que las demás a nuestros ojos terrestres.
Controladora de mareas, estados de ánimos, manías femeninas.

Así es ella, estoy segura;
fantasía.

Y esta noche, trágicamente sé.
Que la luna es una roca sobreestimada entre las demás como
quizá
El amor lo es sobre los otros sentimientos.

Igual,
Como nos gusta guardar en ella mágicos encantos.

Igual,
Como no gusta guardar en él la esperanza.
El destino.
La vida.

Esperare, tratando de ignorar mi impaciencia.
Por tu vendaval.

Ojala esta noche, ni su luna sean solo

Efímeras

miércoles, 7 de octubre de 2009

De lunas y Maya.


Está es una historia que me tomaré el atrevimiento de contar, desde la perspectiva que yo la viví.

Maravillosamente lunar.

A veces, para aprender a amar, las cosas de este mundo no son suficientes y estamos en la obligación de dejarnos llevar. ..

S. A.

Erase una vez, una luna utópica -demasiado, la verdad, para tus gustos exquisitos y mundanos- .

El meollo del asunto, es que cierto día, invadió mi vida una mujer, que parecía más un volcán. Llena de energía; con una mirada perpetua, con un olor a vainilla, un cabello perfecto que le cubría los ojos y los sentimientos. Una mujer con aires de poderosa y autosuficiente, que discutía conmigo de política, música, libros y poesías. No podíamos ponernos de acuerdo en ningún asunto, y aquello me mataba. Quería decir las palabras exactas para convencerla que aunque difiriésemos en todo, teníamos la vida en común.

Entonces aquella mujer, varios años mayor que yo, demostraba una sabiduría que me desarmaba a cada palabra; yo decía algo, ella completaba. Yo hablaba del clima, y ella era las nubes. Yo le cantaba una canción y ella ya se sabía toda la discografía del cantante en cuestión. Que difícil. No lograba impresionarla, y yo que solo quería acercarme un poco más.

Pero me di cuenta que de a poco ella fue reclinándose un poco más. Y su cuerpo podía verse solo perfecto entre mis almohadas. Y mientras ella hablaba y me dejaba ver cada vez un poco más sus ojos marrones profundos, yo daba gracias a ese dios que tenemos los árabes, -que ahora se es el mismo de todos los demás- porque había escuchado las suplicas que llorando sobre esas mismas sabanas hice tantas veces. Como salida de mis labios, perfecta, dibujada para mí, aterrizó sobre mi cama una diosa que venía de algún planeta demasiado lejano y diferente al mío, un planeta donde las mujeres dominaban a los hombres y nosotros éramos simplemente esclavos de sus voluntades y caprichos. Un sitio en el que ella obtenía lo que quería con solo mostrar un poco de escote, con regar el olor de su piel, con enterrar su mirada marrón llena de sentimientos que podían describirse solo como indescriptibles. Lleno de perversas intenciones. Perversas, y maravillosas, como ella.

Pero yo tenía una ventaja; en su universo no había luna.

Debo decirlo, yo soy experto piloto en viajes a la luna. A la que pidas. Y a ella definitivamente debía llevarla a la más lejana para que se perdiese entre mis caminos galácticos, y se quedará conmigo, para siempre.

Así que volviendo a lo terrenal de mi cama, que ahora se me hacía un portal a otra dimensión con ella ahí, decidí no amarrarme el cinturón de seguridad y simplemente levitar con ella en un beso que la subiera a través de esta atmosfera, elevarla tan sutilmente que le diese la sensación de que miles de mariposas tomaban su cuerpo liviano y en aleteos frenéticos la hiciesen perder el sentido mundano del amor. –Aquí debo pedir disculpas, ella odia que hablen de mariposas a la hora de describir los procesos del amor, le parece trillado-. De cualquier manera, subimos. Y ella voló con alas propias porque, cuando por primera vez pudo respirar el aire cósmico lleno de partículas de polvo lunar, su libertad surgió. El describirles lo qué paso no puedo, ya he escrito cientos de veces aquellos momentos en que solo éramos cuerpo y carne y ahora solo quiero describir nuestro viaje sideral, además que recordarlo me pondría en una situación física, nostálgica, morbosa, obscena bastante comprometedora.

Quedamos en sus alas. Pues la cosa está en que después de tanto recorrer lunas, mostrarle orbitas y nuevos caminos para comprender lo infinitas que eran mis galaxias solo para ella, creo, se aburrió. De pronto, las alas de mariposas, el polvo lunar, la falta de gravedad dejaron de parecerle interesantes. Justo cuando a mí el paseo me parecía perfecto. Justo cuando ya había decidido tomar el infinito espacio como mi domicilio permanente necesitando como únicos bienes su pecho para dormir, su espalda para escribir y dibujar, su vientre para divertirme y sus ojos para recordarme siempre mis razones de ser un doméstico lunar. Ahí. Ella extraño lo mundano de su planeta infame -¿Pueden creerlo?- , montó un asteroide como quien se va en un taxi cualquiera y simplemente se fue. Me dejo, allá, perdido en el espacio. Y lo peor es que yo como buen tonto hombre, ya había puesto todas las lunas a su nombre. Por supuesto, ella se las llevo.

Y el espacio se me puso tan oscuro, que ya volver a casa se me hizo imposible. Me quedé guindado, viviendo del recuerdo de aquella mujer impresionante que además yo había transformado en lunática para luego dejarla ir. Y de piloto experto en caminos intergalácticos me convertí en un desorientado, deslumbrado por la luz que dejo su estela al marcharse.

Pero adivinen, su asteroide tiene orbita obligatoria aquí, donde estoy. Ya la veo venir, y su cara es de aburrimiento y decepción de aquel pedazo de roca estéril y fría; además me di cuenta que, cuando notó que yo aun la esperaba, una sonrisa se dibujo en su cara… ya la veo, de nuevo, está abriendo sus alas. Ya verán volará hacía mi.

El resto de la historia que la cuente ella. Al final solo ella es dueña de lo que pueda pasar, yo le entregue la potestad.

Y a ti que lees te pregunto, Has viajado alguna vez a la luna más lejana?

lunes, 5 de octubre de 2009

Finalmente.. amor.


Como rocío de la mañana, tus besos en mi espalda me despertaron.

Tan perfecto como debe ser.

Haces que mi piel sea nueva, otra vez.

Renaciendo con cada caricia.

Renovando mí fe en la vida con cada palabra.

El amor perfecto no existe, dijeron.

El amor a primera vista es solo un mito.

Pues tú y yo rompemos los esquemas, porque desde la primera vez que te vi, fui tuya.

Como en la tradición del sol, vi el brillo en tus ojos.

Como en la tradición de la luna, la luz brilla sobre tu hombro izquierdo.

Y ahora aquí, puedo decir finalmente, te quiero.

Después de tantos tropiezos, de tantos paseos a la luna.

Después de ir y venir, de llorar otros amores, de sufrir por quien no lo merece.

Me doy cuenta. Y siempre estuviste ahí.

Ahí, esperando paciente por mí.

Y ahora despierto, abro mis ojos y te veo ahí.

“Buenos días señorita, BRKFST?”

Entre cortinas azules imaginarias, poemas escritos solo para mí,

Sin segundas intenciones, sin malicia, sin maldades.

Sin mentiras.

Acá las únicas malas intenciones son las que nuestros cuerpos quieren jugar.

Al fin me mostraste lo grande que puedo ser,

Lo poderosa que me haces sentir, sobre tu cuerpo,

Que es mío. De nadie más.

Jamás compartiré besos con nadie de nuevo.

Jamás desperdiciare caricias, mis manos son tuyas.

Mi experiencia, mis años, mis dolores, mis risas y mis lágrimas.

Mi amor, es de quien lo merece.

Tú.

Gracias por recordarme quien soy…

Gracias por revivirme del infierno que él me dejo.

Eres perfecto. Ahora lo veo y jamás lo voy a olvidar

Porque este amor es puro, sin mentiras ni mascaras.

Nunca te he mentido, tú nunca lo harás.

Y finalmente confío ciegamente en ti.

Ya no mas amantes falsos.

Envídiennos. Esto es amor. De verdad.

Mas allá de esta vida y esta muerte, porque en otras vidas, también te conseguí.