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Maya. Soltera, 26 aunque ya obsesionada con la treintena de años, la mayor parte del tiempo sola aunque este acompañada, bipolar, aunque selectiva amistosa y bastante sincera. Una bohemia.. o no se.. Solo sé que soy Maya.

sábado, 3 de enero de 2009

Historia de una espera inconclusa...

Ella compro flores para el. Lo esperaba feliz, era su razón de ser. Irónicamente, no sabía que tipo de flores le gustaban, ni siquiera sabía si le gustaban las flores. Talvez el preferiría un libro, chocolates, un compacto, o que sabía ella. Debía admitir que no sabía mucho del hombre que esperaba, pero era mejor así.
Ella pensó que sería algo pasajero; ¿por qué no habría de ser así? No era la primera vez que conocía alguien que la hiciese sentir especial, única. Ya había escuchado muchas palabras bonitas antes, seguro esta no era más que un párrafo más en su historia de la búsqueda de su príncipe dark.
Cruzaba la calle hacía su trabajo, flores en manos, pensamientos en cabeza. Ya antes muchos la habían besado así. Muchos la habían llevado a dar paseos momentáneos por la luna. Así que esta vez no tendría porque ser distinto. Pero deseaba tanto que el llegara. Suena su celular; una invitación. Pero ella no puede; esa noche, las únicas palabras lindas que ella quería escuchar eran las de el, las de ese niño con ojos de cielo, mirada de rabia, que estaba esperando. Ella caminaba con tres flores en sus manos, y sueños en su cabeza.
A la siguiente esquina miró hacía la plaza, y vio dos falsos enamorados sentados en un banco, de esos que ahora se besan, y mañana se ignorarán. Pensó en lo irónica de la vida, por ese momento no creyó nada en el amor eterno. Pensó en la sensación que sentían ellos al colocar sus labios frente a los del otro justo antes de perderse en ellos, justo antes del beso. Rió, y creyó, por un momento, ser superior a ellos. Estar delante de ellos en el camino tortuoso y kármico del amor, si es que esa cosa existiera. Sus pasos seguían andando, las flores seguían en sus manos, los pensamientos en su cabeza.
De nuevo, suena su teléfono; esta vez es el. Un "niña, te quiero" que le roba una sonrisa. Ella cree que es cierto. Ahora solo con tres palabras olvida su excusa de que el amor verdadero es una patraña. Ella está segura que el piensa igual. Que sonríe cada vez que recibe una llamada, un mensaje, un mail. Ella pensó que el también la esperaba feliz, que era su razón de ser. Ella creyó que era posible, aunque ninguno de los dos dijese nada. Ella sonreía, con tres flores amarillas en sus manos, las ilusiones en su cabeza.
En la siguiente esquina, muy apartada de su historia de amor, un auto se acercaba. Quien sabe que había en la cabeza de la chica que conducía. Nadie lo sabe. Pero ella tendrá la suerte de tal vez, después, contarlo. Su celular también suena. También un "Niña, te quiero". Estaciona el auto, se baja y ve al que envío el mensaje. Él tiene lágrimas en los ojos, y los sueños algo rotos. Ellos discuten, se dicen quien sabe cuantas cosas, cuales cosas.
Ella los ve a lo lejos, se ríe de nuevo, da gracias al cielo de no estar en esa situación. Da gracias al cielo de estar feliz. Sueña con el. Fantasea con sus besos, con sus manos, con hacer el amor y que la lleve un rato a luna, con escuchar de sus labios que la quiere, con despertar mañana entre sus brazos; con reír, con llorar, con hablar, con estar.. Que se yo con cuantas cosas más soñaba ella. Pero soñaba, creía, y era feliz. Miraba el piso, reía sola, pensaba imaginaba, era feliz.
Levantó la cara para cruzar la calle; volvió a mirar, tal vez por curiosidad a la pareja que discutía del otro lado de la esquina. Vio sus gestos, pudo notar que el la quería, que ella tal vez no tanto, o quizás si, que diablos iba a saber ella. Escucho un "Niña, te quiero" de la boca de el, lo miro con atención, se detuvo en medio de la calle, vio su cara, el ocupado discutiendo no se pudo dar cuenta de las lagrimas que rodaron por sus mejillas.
Las flores cayeron al piso. Las ilusiones también, un frenazo, un golpe, un cuerpo tirado en el piso.
El no quiso ver eso. Se horrorizo, a lo lejos, pero no quiso ver más. A quien le gusta ver un cuerpo de una mujer sin vida tirado en medio de la calle. A el no. Además tenía otras cosas que hacer. Otra discusión que continuar. Y a alguien más que lo esperaba en otro lado de la ciudad, con flores en mano, e ilusiones en la cabeza. Otra mujer más que esperaba de él un "Niña, te quiero".
El volteó y camino con su compañera lejos del cuerpo en el suelo. No supo siquiera como lucía aquella mujer que unos segundos antes respiraba, vivía, soñaba, creía, amaba; llevaba flores para el en sus manos…
Ella murió, con tres grandes girasoles amarillos en sus manos, y desilusión en su cabeza…
Pero es solo una historia más. Una de millones que se suceden en este loco planeta.

1 comentario:

  1. "Las flores cayeron al piso. Las ilusiones también"

    Tan solo una muestra de esa bonita forma de describir y metaforizar...

    Saludos =D!

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